¡Muy bien! Pero por Jaime S. Susarrey
Como ya es bien sabido, la Reforma Política fue aprobada en lo general por la Cámara de Senadores en el trascurso de la semana, y posteriormente se turnó al pleno de la Cámar de Diputados, en donde, por intereses que no tienen nada que ver con los de los ciudadanos, se ha detenido su aval. Pero ¿de qué va esta, tan mentada, Reforma Política? Compartimos con ustedes una colmna de Jaime S. Susarrey, publicada este 30 de abri en Reforma, en la que plantéa su postura de forma muy clara y objetiva sobre este tema que nos interesa a todos. Como siempre, queda la invitación a comentar y a enriquecer el debate.
¡Muy bien! Pero
La reforma política aprobada por los senadores va en la dirección correcta. Abre espacios a los ciudadanos, fortalece el poder presidencial, dinamiza la relación entre Ejecutivo y Legislativo
Hace cuatro años el senador Beltrones sacó de su chistera una contrarreforma electoral. Nadie la esperaba. Las enmiendas a la Constitución atentaron contra la libertad de expresión, el derecho a la información y la autonomía del IFE. Los temas que verdaderamente importaban en 2007 ni siquiera se abordaron o discutieron.
Ahora, por fin, la reforma política aprobada el miércoles 27 por los senadores va en la dirección correcta. Abre espacios a los ciudadanos, fortalece el poder presidencial, dinamiza la relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo y, tarde o temprano, obligaría a revisar la contrarreforma de 2007.
Voy punto por punto.
- Candidaturas independientes. Rompe el monopolio de los partidos políticos y abre la posibilidad de que cualquier ciudadano se postule. El efecto sería doblemente positivo. Por una parte, empoderaría a los ciudadanos sin atentar contra el sistema de partidos y, por la otra, airearía el debate y la agenda política, además de que combatiría el transfuguismo entre partidos y militantes.
- Iniciativa ciudadana. Abriría la posibilidad de que un grupo de ciudadanos (0.25 por ciento del padrón, aproximadamente 200 mil) presentara iniciativas de ley que deberían analizar y votar diputados y senadores. En las condiciones actuales esa facultad está confinada a los legisladores y a la Presidencia de la República.
- Consulta popular. Posibilita que un grupo de ciudadanos (2 por ciento del padrón, aproximadamente 1 millón 600 mil) promueva referéndums en los que la ciudadanía tendría la última palabra. Pienso en dos ejemplos cruciales para el país: la legalización de las drogas o el establecimiento de una policía nacional para combatir al crimen organizado.
- La consulta popular se abre, también, al presidente de la República. A petición del Ejecutivo, la Cámara de Diputados consultaría a la ciudadanía directamente y el resultado tendría efectos vinculatorios, es decir, debería acatarse y traducirse en leyes. Este mecanismo serviría para zanjar cuestiones en las que la clase política está polarizada y no quiere o no puede alcanzar acuerdos. Pongo un ejemplo: ¿debe permitirse o no la inversión privada en Pemex?
- Iniciativa preferente. El Presidente podrá enviar al inicio de cada periodo de sesiones del Congreso dos iniciativas que deberán ser dictaminadas en un plazo de 30 días. Y en caso de que no se haga, la iniciativa será el primer asunto que deberá ser discutido y votado en el pleno de la Cámara. De ese modo, las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo se volverían más dinámicas y los ciudadanos podrían formarse una opinión precisa sobre las posiciones y acciones de los legisladores y el presidente de la República.
- Reconducción presupuestal. Si al término del periodo de sesiones de cada año no se alcanza un acuerdo sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación, se utilizará como referente el presupuesto anterior para evitar un entrampamiento.
- Veto presidencial. El Presidente podrá vetar el Presupuesto de Egresos que será devuelto a la Cámara de Diputados para que sea discutido en un plazo de 10 días hábiles. Pero si fuese confirmado por dos terceras partes del número de votos, volverá al Ejecutivo para su publicación. Se incentivaría así al Legislativo y al Ejecutivo a alcanzar acuerdos.
- Reelección de senadores (por un periodo) y diputados (dos periodos). La reelección permitiría la profesionalización del trabajo legislativo y la carrera legislativa. Pero además, obligaría a los legisladores a estar más cerca de sus electores. Los resultados de su trabajo en el Congreso serían determinantes para que los ciudadanos los reeligieran o no.
- Reelección de presidentes municipales. La reforma abre la posibilidad de que cada estado de la Federación adopte o no la reelección de alcaldes. Las ventajas de la misma serían dos: permitiría una continuidad de obras; tres años son insuficientes para emprender proyectos o reformas administrativas. Pero además, sometería a los presidentes municipales a una evaluación más severa de la ciudadanía. Los alcaldes se verían obligados a presentar resultados contantes y sonantes.
- Sustitución del presidente. En la Constitución hay un vacío legal. No se precisa quién sustituye al presidente de la República en caso de falta absoluta (incluido un deceso accidental o un atentado). La reforma precisa que correspondería al secretario de Gobernación sustituirlo de manera inmediata en tanto el Congreso realizara el nombramiento del nuevo Presidente.
- Corresponderá al Senado ratificar los nombramientos del presidente de la República en la Comisión Federal de Competencia Económica, la Comisión Reguladora de Energía y la Comisión Federal de Telecomunicaciones.
Corolario. La reforma del Senado no es perfecta. Deja de lado, entre otras, dos cuestiones fundamentales: la forja de mayorías -mediante la segunda vuelta o el candado de gobernabilidad- en el Congreso y la reducción del número de diputados y senadores.
No se incluyeron porque no hubo acuerdo. Pero es indudable que la reforma aprobada toca cuestiones fundamentales y es un paso adelante. Fortalece el funcionamiento del sistema político más allá del personaje o partido que se instale en Los Pinos el próximo año. Eso es lo fundamental. No hay que perderlo de vista.
Por eso sería lamentable que no fuese aprobada en la Cámara de Diputados. Pero la sucesión presidencial ya está aquí y para septiembre, cuando se someta a discusión, los vientos sucesorios soplarán aún más fuertes. No hay, pues, mucho margen para ser optimistas.
Publicado el sábado 30 de junio de 2011, en Reforma.com
Jaime Sánchez Susarrey - Licenciado en Sociología por la UNAM y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de París I. En 1988 ganó el concurso El futuro de la democracia en México organizado por la revista Vuelta. Conduce el programa de análisis político “En contexto” del canal 13. Ha publicado varios libros entre los que se encuentran La victoria, La transición incierta, El debate político e intelectual en México y Un proyecto irresponsable de nación.







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