¿A qué le teme Peña Nieto? por Fernando Dworak

August 9, 2010 at 4:47 pm, Category: A favor, Acerca de, Mexico

En los albores de un nuevo periodo de sesiones de las cámaras legislativas, surge esta columna de Fernando Dworak, que es el pretexto ideal para recordar los fundamentos de nuestro movimiento y lo que pretendemos erradicar. Un gobierno que se opone rotundamente a la reelección, simplemente denota miedo a rodearse de políticos experimentados que de alguna manera trunquen sus deseos de poder y de mantener a sus gobernados al margen y limitar, casi hasta la nulidad, el rendimiento de cuentas y la evaluación. Es por ello que tenemos una obligación como mexicanos, y es: no permitir que las cosas sigan como están. Como siempre los invitamos a que lean este texto y que comenten. Publicado en Gurú Político.

Toda propuesta de reforma institucional refleja, más allá de cualquier consideración sobre el interés nacional, las agendas, ambiciones y cálculos políticos de quienes las postulan. Esto no es algo malo en sí mismo e incluso se espera que así lo hagan. En una democracia funcional estas iniciativas son procesadas, consensadas y modificadas por las otras fuerzas políticas; por lo cual el cambio es casi siempre gradual, incremental y permanente.

En ocasiones un grupo o líder llega a predominar, pero esto sucede cuando las instituciones entran en un periodo de crisis o descrédito. Por ejemplo en 1958 el ideario político de Charles de Gaulle fue la base de la Constitución de la V República francesa. Sin embargo, por cada caso similar hay varias experiencias donde un demagogo impone sus visiones sobre la población. Tal es el caso de Hugo Chávez en Venezuela.

También puede darse el caso que un actor político presente una propuesta no para enfrentar un problema, sino para administrarlo a través de soluciones parciales, pues una reforma sustancial afectaría sus intereses.

El pasado miércoles 28 de julio el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, presentó ante el Congreso local un paquete de iniciativas a las que llamó “Agenda Legislativa del Bicentenario”. Entre ellas se encuentra una serie de propuestas de reformas al sistema político de la entidad.

Más allá de que la agenda en su totalidad amerita un análisis detallado, me gustaría tratar uno de los puntos, que dice: “Para mejorar la calidad de las gestiones municipales, sin detrimento de la renovación democrática de sus autoridades, se propone la ampliación del periodo constitucional en ayuntamientos de tres a cuatro años”.

¿Cuál es el problema a enfrentar?

El problema de fondo es la falta de continuidad en las administraciones municipales gracias a la prohibición a la reelección inmediata. La medida, junto con la no reelección de los legisladores federales y locales, fue resultado de una reforma a la Constitución en 1933; cuyo objetivo fue centralizar en un partido hegemónico (y en particular su jefe de facto, el Presidente de la República) los nombramientos a todos los cargos de elección popular.

Este elemento influye directamente en varios de los problemas que se producen en el ejercicio de gobierno de los ayuntamientos. Revisemos algunos de estos problemas.

La no reelección inmediata de las autoridades municipales reduce la capacidad de enjuiciar a esos funcionales; trasladando la rendición de cuentas a los partidos políticos, quienes se encargarían en teoría de evaluar, premiar o castigar al representante que detenta el poder. Sin embargo, los partidos no cuentan con ese tipo de herramientas de rendición de cuentas y los electores ponen más atención al funcionario que al partido. En breve, este sistema fomenta la irresponsabilidad.

Por otra parte la no reelección consecutiva afecta la profesionalización de los cuadros políticos y el gobierno. La rotación de los miembros del cabildo se renueva cada elección. Según estudios, 50% de los alcaldes, regidores y síndicos no cuentan con alguna experiencia en el sector público municipal. Esta rotación y falta de profesionalización se reproduce en el cuadro de gobierno, pues la designación de los cargos depende del presidente municipal. Si la modernización de la administración local genera costos políticos al alcalde en términos de no incluir a sus incondicionales en los cargos públicos y el encargo dura poco tiempo, no invertirán en la generación de estructuras profesionales.

De esta forma la no reelección consecutiva incentiva la improvisación de políticas públicas y la discontinuidad de programas de gobierno exitosos. Cualquier esfuerzo por mejorar la administración empieza desde cero, pues quienes ganan las elecciones no tienen razón para respetar las reformas de sus antecesores. O si lo hacen, tienden a desvirtuarlas según sus intereses particulares.

Lo anterior implica que, si duran poco tiempo y no son responsables de su gestión, las autoridades municipales serán institucionalmente débiles en cuanto a sus capacidades para enfrentar los problemas de ese nivel de gobierno, o incluso cumplir con sus funciones básicas como el cobro del predial, el cual representa sólo el 0.2% del PIB.

Ninguna reforma institucional es perfecta. La restauración de la reelección inmediata de las autoridades municipales no solucionaría estos problemas por sí misma, pero generaría condiciones de continuidad para que puedan resolverse.

Tendríamos en la práctica 2,443 escenarios de aplicación distintos, al ser cada municipio diferente en tamaño, densidad poblacional o recursos. En algunas localidades las transformaciones serían más rápidas que en otras. Incluso se presentarían problemas que ni siquiera se prevén en estos momentos. Sin embargo se pude enfrentar mejor cualquier eventualidad en un entorno donde hay continuidad y rendición de cuentas que en uno donde no la hay, como ocurre hoy.

¿Qué se resolvería con la ampliación del periodo constitucional?

Es preciso separar la conveniencia de ampliar el periodo con el efecto que este traería si no estuviera vinculado con la reelección inmediata de los legisladores.

De acuerdo con un estudio que elaboró Juan Pardinas, la mayoría de los países de Iberoamérica contemplan periodos de mandato amplios para sus alcaldes: 6 años en Nicaragua; 5 en Bolivia, Guatemala, Panamá, Paraguay y Uruguay; 4 en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Haití, Honduras, Perú, República Dominicana y Venezuela. Sólo México y El Salvador contemplan un periodo de 3 años.

Por otra parte todos los países de la región, salvo Paraguay y Colombia, contemplan la reelección inmediata de sus autoridades municipales; lo cual nos coloca en el peor escenario.

Dado que la Constitución Política no establece la duración del mandato para legislaturas locales o autoridades municipales, los estados pueden decidir en esta materia. En noviembre de 2001 el Congreso de Coahuila aprobó un reforma al artículo 158 de su Constitución y al 41 de su Código Municipal que amplió la duración del mandato de 3 a 4 años, a partir de la elección de 2005.

Aunque todavía no se tienen estudios que muestren la eficacia o no de esta reforma, pues los primeros ayuntamientos de cuatro años terminaron su mandato en 2009, se reconoce que la sola ampliación del periodo de mandato podría ayudar a concretar algunos programas de gobierno. Sin embargo no resolvería problemas como la irresponsabilidad de la gestión y la falta de continuidad.

Entonces, ¿por qué Peña nieto le teme a la reelección?

Hagamos un ejercicio de imaginación: ¿sería el gobernador del Estado de México tan poderoso si, digamos, tuviera frente a sí al alcalde de Toluca con 6 años de experiencia, al de Ecatepec con 8 y al de Tlalnepantla con 10? ¿Podría instrumentar sus programas sociales con tanta efectividad si tuviera que competir con presidentes municipales con una base social propia?

Vayamos más lejos: ¿podría operar con los mismos niveles de opacidad si los miembros del Congreso local respondieran a sus distritos y tuvieran incentivos para especializarse en los trabajos de las comisiones? ¿Podría en esas condiciones imponer, por ejemplo, a los consejeros del instituto electoral de la entidad como hoy sucede?

Pasemos al nivel federal: ¿tendría Peña Nieto un grupo de diputados incondicionales el cual, según estimaciones, alcanza a 100 individuos?

Me gustaría darle el beneficio de la duda al gobernador y pensar que, en efecto, tiene las aptitudes para ser un buen presidente si obtuviese la candidatura de su partido y ganara las elecciones de 2012. Sin embargo, el actual sistema premia a quienes tienen los recursos políticos y económicos para controlar las carreras de funcionarios y representantes de elección popular. Esta afirmación se puede extender a los demás gobernadores y dirigentes partidistas.

Por esa razón numerosos políticos, especialmente aquellos relacionados con perfiles “caciquiles” o los coloquialmente conocidos como “dinosaurios” se oponen tanto a la reelección inmediata de los legisladores y los alcaldes. Al respecto han presentado argumentos que tienen poco sustento tras un análisis serio. (1) Saben muy bien que un entorno más competitivo requeriría un perfil distinto de políticos y que, por lo tanto, ellos serían los primeros en desaparecer.

Hace unos meses el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) presentó su estudio “Acciones urgentes para las ciudades del Futuro”. (2) Conviene transcribir un extracto que ilustra la situación de nuestra clase política con el actual entorno:

“En la película El mago de Oz una niña de Kansas, un hombre de hojalata, un león y un espantapájaros emprenden la búsqueda de un poderoso hechicero que les ayudará a resolver sus respectivas crisis existenciales. En apariencia, el mago es una figura monumental con voz grandilocuente. En realidad, el brujo omnipotente es un chaparrito escondido detrás de una tramoya escenográfica controlada por palancas y poleas. ¿En qué se parece el Mago de Oz a la partidocracia mexicana?

“Todos los días se lee, se escribe y se habla de los súper poderes de la partidocracia mexicana. Ese multicitado sustantivo es una fachada que esconde a un grupo de personas que se pueden contar con los dedos de las manos. El Mago de Oz no existe, la partidocracia tampoco. Lo que sí existe es un grupo de políticos muy importantes en el PRI, PAN y PRD. Este conjunto selecto de políticos profesionales son los beneficiarios que se esconden detrás de ese edificio de cartón que denominamos partidocracia.

“Una de las poleas más importantes en el funcionamiento de esta escenografía es el mecanismo de la no reelección. Esta palanca permite un férreo dominio sobre el futuro profesional de 128 senadores, 500 diputados federales, 1,120 diputados locales y 2,443 presidentes municipales. Si se rompe este mecanismo de control, los funcionarios electos van a tener la libertad de seguir representando los intereses de sus padrinos políticos y de grupos particulares, pero también habría alcaldes y legisladores que prefieran apostar su carrera en defender las causas de los ciudadanos.

“La reelección inmediata del Congreso y los ayuntamientos no es la varita mágica para resolver los problemas de México. Sin embargo, la iniciativa [de reforma política del gobierno federal] sí representa una revolución de los incentivos que acicatean al gremio político. ¿Quiénes serían los principales perdedores si se aprueba la reelección? Los maguitos de Oz que pertenecen a la vieja escuela del sistema político mexicano, los herederos de Plutarco Elías Calles que confunden la lealtad partidista con la sumisión de las voluntades individuales.”

Entonces, ¿a qué le teme Peña Nieto? A una democracia moderna, donde él y los políticos de su escuela quedarían rebasados.

(1) Se habló de este tema en una entrega anterior: http://www.revistapolitica.com.mx/2009/12/%c2%bfcuales-politicos-se-oponen-a-la-reeleccion-de-legisladores-y-alcaldes-2/

(2) Se le puede descargar en: http://www.imco.org.mx/ciudades2010/

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