¿Reelección?
Comentarios publicados en El Universal/blogs, el 24 de febrero de 2010. Es una columna en la que se denota la necesidad de reelección en méxico y como poco a poco los ciudadanos vamos sumandonos a esa bandera.
El Presidente Felipe Calderón, con su iniciativa de reforma política, ha hecho propias una serie de propuestas de muchos ciudadanos. Imposible no coincidir con la necesidad de dotar a la ciudadanía de más y mejores herramientas de participación. Imposible no coincidir con la urgencia de regular y controlar a la clase política.
Es un hecho que los ciudadanos no nos sentimos representados por la clase gobernante. Quienes la constituyen son, en su gran mayoría, integrantes de una partidocracia lejana a las necesidades sociales.
Y lo peor, no hay forma de removerlos. No hay manera de demandarles que se vayan. No hay mecanismos para exigirles cuentas. No estamos facultados para quitarles las riendas y el control del país que mantienen secuestrado.
La realidad es que el sistema de partidos, y por tanto el sistema político mexicano, no funciona. Ejemplos hay muchos. La pobreza, el retraso educativo, la inseguridad pública, la situación económica, son sólo algunos de los botones de muestra que tenemos, para darnos cuenta de que las cosas no están bien.
***
Urge un cambio. Un ajuste de fondo. La política en nuestro país está secuestrada por unos cuantos. En México la política la hacen los partidos. Para llegar a algún cargo público de representación, hay que hacerlo a través de un partido político. Quienes hacen las leyes son los partidos. Quienes regulan a los partidos, son ellos mismos. Son todopoderosos. Han pasado de ser instituciones públicas, a negocios de poder.
Encasillados en una lucha desmedida por el poder, quienes dicen representarnos parecen haber olvidado que las posiciones que ostentan son de servicio público y no simples cotos de poder.
El régimen bajo el cual vivimos no sólo no garantiza el derecho a ser votado, sino que obstaculiza la rendición de cuentas, castiga la continuidad de proyectos y premia la obediencia partidista.
En la medida en que los legisladores no pueden reelegirse, tienen que pensar qué harán cuando termine la Legislatura y a qué puesto irán para continuar en el negocio de la política.
Su carrera, en este sentido, no depende del electorado que no los puede destituir de su cargo, si no dan resultados, ni reelegir, para premiarlos si legislan bien, sino de la dirigencia de su partido, que es la única que puede garantizarle el tránsito a otro puesto político.
***
Al no existir reelección inmediata consecutiva en el Legislativo, ni mecanismos para que los diputados y senadores informen y rindan cuentas ante sus electores, los legisladores obedecen a las dirigencias de sus partidos, o incluso, a los líderes de sus corrientes, y no al electorado al que dicen representar.
En la medida en que las decisiones políticas más importantes del país pasen por el Legislativo, y en la medida en que los congresos estén dominados por las dirigencias partidistas, quienes gobiernan México son los partidos. Así presenciamos el fortalecimiento de la partidocracia.
Mientras, quienes quedamos excluidos somos todos los ciudadanos, a quienes los partidos ni nos ven, ni nos oyen.
La clase política lo controla todo, y no hay quien pueda ponerle un freno. Los legisladores no han querido renunciar a su fuero o reducirlo; no han querido abrir la política y el poder a la sociedad; no tienen mecanismos de control externo sobre la utilización de los recursos y se fijan su propio presupuesto.
Los partidos quieren el monopolio de la acción política. El monopolio de lo público. Sin escrutinio, sin rendición de cuentas y sin crítica. Quieren hacer y deshacer a su antojo.
Sobra decir que la reelección legislativa no representa una panacea, pero sin duda, forma parte de una serie de cambios a la legislación política que podrían llevarse a cabo para asegurar un mínimo de rendición de cuentas entre representados y representantes.
En el actual sistema, ni los diputados ni los senadores están obligados a mantener vínculos para informar de sus acciones a sus electores. La estructura vigente posibilita que los legisladores dependan de las cúpulas partidistas y no del ciudadano que los elige.
De ahí la importancia de la reelección.
¿Ustedes cómo la ven?
Vengan sus participaciones.
Aquí, y en twitter.com/mlopezsanmartin , nos encontramos.
Manuel López San Martín
24-febrero-2010
El Presidente Felipe Calderón, con su iniciativa de reforma política, ha hecho propias una serie de propuestas de muchos ciudadanos. Imposible no coincidir con la necesidad de dotar a la ciudadanía de más y mejores herramientas de participación. Imposible no coincidir con la urgencia de regular y controlar a la clase política.
Es un hecho que los ciudadanos no nos sentimos representados por la clase gobernante. Quienes la constituyen son, en su gran mayoría, integrantes de una partidocracia lejana a las necesidades sociales.
Y lo peor, no hay forma de removerlos. No hay manera de demandarles que se vayan. No hay mecanismos para exigirles cuentas. No estamos facultados para quitarles las riendas y el control del país que mantienen secuestrado.
La realidad es que el sistema de partidos, y por tanto el sistema político mexicano, no funciona. Ejemplos hay muchos. La pobreza, el retraso educativo, la inseguridad pública, la situación económica, son sólo algunos de los botones de muestra que tenemos, para darnos cuenta de que las cosas no están bien.
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Urge un cambio. Un ajuste de fondo. La política en nuestro país está secuestrada por unos cuantos. En México la política la hacen los partidos. Para llegar a algún cargo público de representación, hay que hacerlo a través de un partido político. Quienes hacen las leyes son los partidos. Quienes regulan a los partidos, son ellos mismos. Son todopoderosos. Han pasado de ser instituciones públicas, a negocios de poder.
Encasillados en una lucha desmedida por el poder, quienes dicen representarnos parecen haber olvidado que las posiciones que ostentan son de servicio público y no simples cotos de poder.
El régimen bajo el cual vivimos no sólo no garantiza el derecho a ser votado, sino que obstaculiza la rendición de cuentas, castiga la continuidad de proyectos y premia la obediencia partidista.
En la medida en que los legisladores no pueden reelegirse, tienen que pensar qué harán cuando termine la Legislatura y a qué puesto irán para continuar en el negocio de la política.
Su carrera, en este sentido, no depende del electorado que no los puede destituir de su cargo, si no dan resultados, ni reelegir, para premiarlos si legislan bien, sino de la dirigencia de su partido, que es la única que puede garantizarle el tránsito a otro puesto político.
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Al no existir reelección inmediata consecutiva en el Legislativo, ni mecanismos para que los diputados y senadores informen y rindan cuentas ante sus electores, los legisladores obedecen a las dirigencias de sus partidos, o incluso, a los líderes de sus corrientes, y no al electorado al que dicen representar.
En la medida en que las decisiones políticas más importantes del país pasen por el Legislativo, y en la medida en que los congresos estén dominados por las dirigencias partidistas, quienes gobiernan México son los partidos. Así presenciamos el fortalecimiento de la partidocracia.
Mientras, quienes quedamos excluidos somos todos los ciudadanos, a quienes los partidos ni nos ven, ni nos oyen.
La clase política lo controla todo, y no hay quien pueda ponerle un freno. Los legisladores no han querido renunciar a su fuero o reducirlo; no han querido abrir la política y el poder a la sociedad; no tienen mecanismos de control externo sobre la utilización de los recursos y se fijan su propio presupuesto.
Los partidos quieren el monopolio de la acción política. El monopolio de lo público. Sin escrutinio, sin rendición de cuentas y sin crítica. Quieren hacer y deshacer a su antojo.
Sobra decir que la reelección legislativa no representa una panacea, pero sin duda, forma parte de una serie de cambios a la legislación política que podrían llevarse a cabo para asegurar un mínimo de rendición de cuentas entre representados y representantes.
En el actual sistema, ni los diputados ni los senadores están obligados a mantener vínculos para informar de sus acciones a sus electores. La estructura vigente posibilita que los legisladores dependan de las cúpulas partidistas y no del ciudadano que los elige.
De ahí la importancia de la reelección.
¿Ustedes cómo la ven?
Vengan sus participaciones.
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User Comments
MICHEAL
On September 11, 2010 at 2:20 am
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