La reelección de Calderón (y contraargumentación R o C)
Primero les presentamos el texto en cuestión y al final nuetra respuesta.
El presidente Calderón ha propuesto la reelección consecutiva de legisladores y presidentes municipales. Recoge una vieja demanda panista y, a su vez, uno de los planteamientos del senador Beltrones. La idea que mueve la propuesta del Presidente es que los diputados y senadores, así como los alcaldes sean responsables ante los electores por su desempeño. Se asume que éstos serían más cuidadosos en su función frente al anhelo de ser ratificados en la próxima elección.
A la reelección se le acreditan bondades desproporcionadas. Se dice que con ello se crearía la carrera parlamentaria, contribuiría a la profesionalización de los legisladores evitando la improvisación y el arribismo. El interés de los electores prevalecería sobre las consignas autoritarias de las dirigencias partidistas. Como si fuera argumento, suele invocarse que en casi todos los parlamentos los legisladores se pueden elegir.
La brevedad del término de los presidentes municipales ha propiciado la reelección. El problema es real: los alcaldes se inhiben a emprender cambios profundos ya que en tres años sólo les quedarían los costos y marginalmente los beneficios. Un año para aprender, otro de grilla y uno más de elecciones. La solución idónea está planteada en el Estado de México y ya en práctica en Coahuila, alcaldes de cuatro años.
La reelección de legisladores es una mala y contraproducente propuesta; sus virtudes hipotéticas no se sustentan en la realidad; extraña que muchos académicos que la promueven ni siquiera entiendan los problemas que la reelección tipo norteamericano plantea al sistema de representación vigente. Legisladores reelectos no garantizan calidad, sí un freno a la de por sí limitada renovación política.
Hay malos legisladores porque existen niveles altísimos de impunidad en su desempeño. Asumir que el voto es instrumento de sanción o de premio ciudadano es un craso error, como lo constatan las elecciones en Puebla y Oaxaca.
El problema es la ineficacia del voto como recurso de control ciudadano. La reelección profundizaría el problema, ya que uno de sus efectos sería acentuar el tráfico de influencia para satisfacer no a los ciudadanos, sino a los factores que inciden en las campañas y los resultados; en EU, 98% de los diputados que pretenden reelegirse lo logran y no es por virtud, sino porque quienes buscan reelegirse cuentan con un desproporcionado financiamiento respecto a quienes les compiten. Los datos son públicos y verificables. Pensar que el IFE o los partidos lo podrían evitar o contener es broma de mal gusto.
Establecer la reelección en el modelo norteamericano exige cambiar el sistema de representación, ya que el mexicano se funda en partidos, no en candidatos. Los sujetos del proceso electoral son los partidos en la oferta, la publicidad, la boleta, las prerrogativas y las responsabilidades legales. Desde la reforma de Reyes Heroles, el Congreso se organiza con las fracciones parlamentarias, no con legisladores en lo individual. En todo caso, para mejores legisladores se requiere cambiar a los partidos; así se resuelve el problema por su causa no por sus efectos; la disciplina partidaria tendría efectos positivos y contendría los riesgos de cooptación o sometimiento a los llamados poderes fácticos. Si preocupa la calidad de la representación proporcional en las Cámaras, ¿por qué no abrir los plurinominales a la votación ciudadana con listas cortas y desbloqueadas y desaparecer a los 32 del Senado?
La agenda del cambio que el país requiere no siempre es de aceptación popular. Sí lo es la pena de muerte, la penalización del aborto y la estatización de la economía. Legisladores preocupados por sus electores no necesariamente los hace más responsables, como sucede en EU. A manera de ejemplo, una reforma que cobre impuestos a los millones de mexicanos en la informalidad, medida necesaria, es política y electoralmente muy costosa.
Ayer Juan Valencia escribía en MILENIO Diario que la reforma propuesta por el Presidente es una pose para complacer al estrecho círculo de opinión avenido a recetas fáciles y fórmulas mágicas para resolver los problemas del país. Tiene razón, y todavía más es preciso preguntar por qué el Presidente no encara el tema económico, el más urgente y delicado, sobre todo, ahora que el PRI dice estar dispuesto a participar. La grilla y el juego de espejos están en la reelección, en la llamada reforma de Estado política; lo que importa para hoy y para el mañana es la economía.
Un presidente con iniciativa no es quien propone, sino quien hace, quien despliega sus recursos, talento, energía e inteligencia para lograr su propósito. Muchos habrán de sentirse bien con lo dicho por el Presidente, aunque muy poco aporte al deterioro que hoy se padece. Falta responsabilidad, también imaginación política; mejor recetas fáciles, soluciones mágicas.
Federico Berrueto
fberruetop@gmail.comPublicado en Milenio Online
6 de diciembre de 2009
R o C:
Nuestro país no es una agencia de empleos, es una maquinaria democrática que funciona, en gran parte, gracias a los ciudadanos. Es obligación de los políticos rendir cuentas a aquellos que, con su voto, los pusieron en sus puesto. No pugnamos por la reelección llana, sino como la consecuencia de un seguimiento y de, como ya se mencionó, una evalución por parte de ciudadanos informados.
Lo que pretendemos es dar al poder a los votantes de decidir, de premiar y castigar, poder que se les ha negado para asignarlo unicamente a los altos estamentos de la política mexicana y que ha generado la poco transparencia en el devenir de los partidos politicos y de sus fracciones en el Legislativo. Es cierto, hay cosas que mejorar es las intituciones encargadas de regular los comicios, con o sin reelección; pero también es cierto que estas instituciones han demostrado su transparencia.
Cuando se pugna por la extensión de los mandatos, de tres a cuatro años, se deja de lado el rendimiento de cuentas y, entonces sí, se promueve la corrupción, pues si los gobernantes son deshonesto, corruptos y, además, no se les exige y evalúa, lo seguiran siendo por tres o cuatro años. Incluso ésta podría ser una solución mucho menos viable puesto que el tiempo de mal gobierno también se extendería. La solución es la evaluación, aunque suene repetitivo, si no podemos tener el poder como ciuadadanos, las cosas continuarán como hasta ahora.
Baste con estos argumento, aunque podrían ser más, para responder a este artículo. Simplemente pedimos a los legisladores que: ¡Dejen de burlarse y permítanos evaluar su desempeño! ¡Reelección o Castigo!.







User Comments
Angel Carrera
On March 3, 2010 at 5:58 pm
Seria mucho mejor que los ciudadanos contásemos con el poder de veto ante “reformas” o decisiones que los 3 poderes de gobierno aprueben o tomen. Lo difícil seria controlar o tener la certeza de que el veto ejercido por cada uno de los ciudadanos fuese razonado, libre, respetuoso, responsable y en pro del bienestar común.
Estas mismas y muchas mas dificultades presenta la reelección propuesta por las diferentes fuerzas políticas del país.
Lo que este país necesita es una REFORMA DE VOLUNTADES en todos los niveles de la sociedad que lo conforman.
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