La reelección, ayer y hoy.
Con la siguiente nota, que si bien fue publicada hace ya algunas semanas, podemos entender un poco más el trasfondo de la oposición a la reelección por parte de los y en qué punto de la historia se dio el cambio y por qué.
Es una percepción generalizada que la Constitución de 1917 prohibió la reelección en todos los niveles de gobierno. Y se ha reforzado recientemente con el debate, abierto por el presidente Calderón, acerca de la necesidad de una reforma política que incluyera, entre otros temas, el de la reelección. Los argumentos en contra se basan en una supuesta adhesión coherente a lo planteado por los Padres de la Patria en 1917. Nada más falso. De hecho, la consigna emblemática de la Revolución Mexicana (“Sufragio efectivo, no reelección”…) tenía un destinatario preciso: Porfirio Díaz. La Constitución del 17 prohibió expresamente la reelección presidencial, pero permitió y avaló la indefinida de legisladores, gobernadores y presidentes municipales. Así sucedía en México, hasta que Plutarco Elias Calles decidió cambiar las reglas del sistema político, en un intento por controlar al país en su conjunto y, con la lógica militarista (en cierto modo comprensible para la época) de que la única manera de pacificar a México era centralizando los procesos de reparto del poder, ya sea a nivel municipal, estatal o nacional.
De hecho, eliminar la reelección era el complemento electoral necesario para que ese control político tuviera su expresión en la creación del partido hegemónico, el Nacional Revolucionario (PNR), en 1928. Suprimir el derecho ala reelección se dio en 1933, cuando era ya un requisito para la “institucionalización” de la Revolución y de su brazo político: el PNR.
La no reelección, aún envuelta en labandera de nacionalismo revolucionario o en cualquier otra, fue desde su concepción un instrumento creado para consolidar el control político de un partido hegemónico. Es decir, la no reelección sirve a los intereses de los copos de la política, pero en ningún momento atiende la representatividad de la ciudadanía. En 1933, el concepto de ciudadanía era algo lejano y básicamente inexistente para el interés de la clase política. Lo importante no eran los ciudadanos, sino los grupos de interés. Mucho menos se hubiera entendido que la reelección no es un privilegio de los políticos, sino un derecho y una prerrogativa de los ciudadanos. Y que éstos deben tener la posibilidad de calificar a sus gobernantes, incluso reprobándolos al no refrendarles una nueva gestión. Difícilmente puede haber mayor prueba para un político que ésa.
En el debate contemporáneo sobre el mis mo tema, llama la atención cómo las direcciones partidistas toman la idea de la reelección casi como una afrenta personal. Lo que está en juego para éstas es la posibilidad de controlar el juego interno de cada organización, de repartir privilegios y favores a sus incondicionales, mientras castigan y aislan a sus detractores. La no reelección abre esa posibilidad por lo menos cada tres años, mientras que la reelección reduce los ámbitos de poder de cualquier liderazgo dentro de un instituto político. Por ende, la reelección reduce el poder de los partidos y abre más espacios para la opinión ciudadana. Esa dinámica debiera verse como algo beneficioso parala sociedad y el desarro lio de su cultura política y cívica.
El debate sobre la reelección abre un compás de espera ante ésta y otras reformas. Los partidos están obligados a ofrecer una respuesta a la irritación social y al fastidio ciudadano con los partidos, sus conductas y las opciones futuras. Es más que evidente que no puede haber demora alguna en el traslado de poderes y facultades desde las instancias partidistas y gubernamentales hacia la ciudadanía. En su tiempo, se entendió como la mejor forma de dar continuidad a los acuerdos políticos centralesdelaépoca,afinde asegurar una transición entre la Revolución y la institucionalidad pacífica, mientras que hoy ser aun instrumento de la ciudadanía para ejercer mayor control, o capacidad de castigo, a una clase política que se alista para nuevas jornadas electorales.
Especialista en análisis político.
ricardopascoe@hotmail.com
Ricardo Pascoe Pierce
Excélsior, pág. principal 23
9 de febrero de 2010







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