Acerca de la Reelección de Diputados en palabras de Vicente Lombardo Toledano

December 2, 2009 at 6:23 pm, Category: Notas

Señor Presidente, señoras y señores diputados: la Cámara de Representantes de pueblo, antes de clausurar sus labores, va a discutir uno de los proyectos de ley más importantes del inicio de esta Legislatura. Por eso ha despertado el hecho una gran expectación en la opinión pública y un debate que empieza a ser apasionado, que se refleja sobre todo en los órganos de la prensa.

¿Por qué es importante la discusión¿ Porque entraña una medida de trascendencia, más quizá para la vida futura de nuestro país, que para este momento que estamos viviendo. Los autores de la iniciativa, los diputados del Partido Popular Socialista, consideramos que después de la reforma a la Carta Magna estableciendo modalidades nuevas para la integración de la Cámara de Diputados, era indispensable garantizar la posibilidad de la formación de los cuadros parlamentarios.

La una y la otra medidas se completan, porque lo nuevo en la reforma a la Constitución, abriendo la posibilidad de la presencia en la Cámara de Diputados de representantes de los diversos partidos políticos nacionales, es el hecho y oportunamente lo hicimos notar, de que no sólo los ciudadanos son titulares del derecho electoral, sino también los partidos políticos como personas morales.

La reforma, en este sentido, representa un gran progreso respecto de nuestro régimen tradicional electoral. Mientras no surgieron los partidos políticos diferentes, las elecciones se realizaban alrededor de los candidatos individuales, por lo menos alrededor de personas que no estando encuadradas en un partido, aspiraban, sin embargo, a representar los intereses del pueblo. Pero a partir del momento en que diferentes partido políticos postularon sus candidatos y algunos de éstos llegaron hasta la Cámara de Diputados, existe ya no un precedente, sino una norma firme, para que en porvenir la Cámara popular siga integrada por diputados, naturalmente electos por el pueblo; pero voceros de los diferentes organismos políticos de nuestro país.

En estas condiciones, si no se reforma la Constitución para que cada partido político decida quiénes de sus representantes pueden continuar en la Cámara de Diputados, la reforma quedaría en cierta medida trunca, incompleta. La reelección de los diputados es, en suma, la consecuencia natural de la integración de la Cámara por los representantes de los partidos políticos.

Ya no son las personas físicas las que van a aspirar a continuar en la Cámara, son los partidos políticos los que han conquistado el derecho de mantener a sus representantes. Ellos son los únicos que pueden juzgar de la eficacia de sus delegados en la Cámara del pueblo. Los únicos que pueden decidir quiénes deben continuar en la labor que se les confió y quiénes deben retirarse de esa tarea.

Pero la incomprensión, por la falta de reflexión de muchos, ha provocado una confusión hasta en personas de las que podría penarse que meditan, y contagian a quienes no leen jamás ni los órganos de la prensa, menos aún los documentos del Congreso. Se dice que queremos abrir la puerta para la reelección del Presidente de la República; que así comenzó el porfirismo, declarándose enemigo de la reelección para establecerla después como una norma intocable. Se afirma, por otros, que todos los diputados actuales tratamos de reelegirnos en bloque, concluida que sea la labor de esta Legislatura.

Se comenta, asimismo, que eso es destruir la libertad cívica, que nuestra iniciativa es un valladar para que las nuevas generaciones tengan acceso al Congreso, y que en un régimen presidencial, que no es el sistema parlamentario, no se concibe que los representantes populares puedan continuar de una manera indefinida. Todos estos argumentos son falsos, información válida.

Por el cambio de impresiones que hemos tenido en estos días los diputados de las diversas corrientes de opinión, de distintos partidos políticos, no he visto que exista oposición a la tesis de la reelección. Discrepamos en cuanto a la duración de los diputados en la Cámara; pero no respecto a la esencia de la cuestión. Y esta coincidencia va a aparecer en el debate que se ha abierto. Sin embargo, yo quiero afirmar que mi partido, el Partido Popular Socialista, siendo partidario de la reelección indefinida de los representantes populares, votará en pro del dictamen; de la misma manera que siendo partidario de un régimen electoral basado en la representación proporcional, votó en la Legislatura anterior por el dictamen que propuso la reforma constitucional, creando los diputados de partido, porque las dos medidas representan un avance, un progreso en la vida democrática de México.

No interesa que la resolución que tome la Cámara de Diputados esté bien fundada, históricamente bien apoyada, porque mañana se habrá de acudir, indiscutiblemente, a las fuentes de la ley, al propósito del legislador, al espíritu con el cual fue modificado el texto de la Carta Magna.

El dictamen que aprobaron los diputados del Partido, durante el Colegio Electoral de esta Legislatura, es un documento que pertenece a la historia del sistema parlamentario de México. Por eso nosotros queremos agregar, ahora, al dictamen de las comisiones, respecto de la reelección de los diputados, algunas reflexiones, porque se acudirá también en el futuro a estas fuentes que deben ofrecer todos los argumentos posibles, para que se vea que la medida no es ninguna maniobra de nadie, ni tampoco el deseo de que determinados partidos o corrientes de opinión tengan privilegios o derechos injustificados.

El dictamen dice, refiriéndose a la iniciativa del Partido Popular Socialista, que adicionar con una fracción más el artículo 54 de la Constitución sería la fracción VI- entraña una contradicción con el artículo 59 de la propia Carta, porque afirma que “los senadores y los diputados no podrán ser reelectos para el período inmediato.”

Yo no diría que hay una contradicción, sino una redundancia, que es común, que es casi habitual, cuando se presenta una iniciativa de ley que corrige algún texto; pero esa redundancia desaparecería al establecerse el principio de la reelección.

Dice también el dictamen que el artículo 54 se refiere a los diputados del partido y no a la totalidad de los miembros de la Cámara de Diputados, y que en esa virtud el sitio para nuestra iniciativa de reelección no está ahí, sino en otro precepto. No lo creo, la fracción V del artículo 54 dice: “Los diputados de mayoría y los de partido, siendo representantes de la nación, como lo establece el artículo 51, tendrán la misma categoría e iguales derechos y obligaciones.” En consecuencia, a un precepto con tal texto se puede agregar el derecho a la reelección, pero éstas son cuestiones de carácter técnico que no van al fondo del problema. Si el principio de la reelección queda establecido en un artículo o en otro, tiene un valor secundario. Lo fundamental es discutir si la reelección procede o no procede.

Dice el dictamen, refiriéndose a la reforma del año de 1933 que prohibió la reelección para el período inmediato, que esa medida fue consecuencia de una determinación tomada por ciertos círculos políticos que tendían a crear una mayor centralización del poder público. No lo creo. En 1933 el Presidente de la República era el general Abelardo Rodríguez, cuyo mandato de Presidente interino terminaba el 30 de noviembre del siguiente año. ¿Quién la promovió, en consecuencia¿ El general Plutarco Elías Calles, llamado entonces jefe máximo de la Revolución; pero no para centralizar el poder, porque si ése hubiera sido su propósito, sí habría del todo la reelección sin condicionarla a plazos periódicos de interrupción.

El poder acumulado en manos del general Plutarco Elías Calles no consistía en el control de la Cámara de Diputados ni de la Cámara de Senadores, sino en otros factores que no vale la pena recordar. La causa de la reforma de 1933 fue un motivo pequeño, que difícilmente se puede calificar bien; pero que existe en la realidad de la vida política de México: hacer partícipes al mayor número posible de personas en la canonjía de diputados, porque eso era en aquel tiempo la representación del pueblo.

El dictamen dice adelante que la limitación de la reelección a sólo dos períodos sucesivos responde a la necesidad de promover nuevos cuadros parlamentarios que renuevan con sus aportaciones el ambiente y la acción legislativa. Tampoco lo estimamos correcto. Y veamos por qué. Cada año la Cámara trabaja cuatro meses; de cada mes, ocho días; en cuatro meses serían treinta y dos días; en tres años, noventa y seis días. Si se descuentan los empleados en las labores diplomáticas, en actos de cortesía, y en despachar iniciativas del Ejecutivo, de los noventa y seis días habrá cincuenta o sesenta hábiles para las iniciativas que surjan de las Cámaras del Congreso. Y aun cuando esta cuenta resulte, quizás, para algunos, un balance mezquino, yo pregunto: ¿se puede formar los cuadros parlamentarios en ese tiempo tan breve? Imposible.

Dice la Comisión que deben restablecerse cada tres años las normas de colaboración entre el Senado y la Cámara de Diputados, si se permite la reelección de los diputados para el período inmediato. No lo creo, porque la colaboración de las Cámaras no es colaboración personal entre quienes las integran, sino de institución a institución. Además, el Senado representa a las entidades federativas, fundamentalmente, de acuerdo con la estructura política de nuestro país, y no al pueblo.

Afirma después la Comisión, en su dictamen: la reelección de los diputados para el período inmediato perfecciona un sistema constitucional que tiende a equilibrar los tres poderes de la Unión. No lo creo. El equilibrio de los poderes se refiere al Poder Ejecutivo, al Poder Legislativo y al Poder Judicial, pero no tiene qué ver ese equilibrio con el régimen interno de las Cámaras del Congreso de la Unión.

Dice el dictamen, además, que México tiene una estructura de equilibrio para el buen gobierno, que consiste en la no reelección del Ejecutivo, en la inamovilidad del Judicial y la reelección limitada del Legislativo. No lo creo. Esa no es una estructura de equilibrio, sino de diferentes formas de división del trabajo, de las funciones del Poder Público que para su ejercicio se distribuyen en tres poderes. Si los Ministros de la Suprema Corte de Justicia tuvieran un término para su gestión, y los diputados y los senadores pudieran reelegirse indefinidamente, la estructura política sería también estable.

El dictamen agrega que la no reelección del Presidente de la República no alcanza a sus colaboradores. ¡Naturalmente¡ Los colaboradores del Presidente son empleados de su confianza que puede nombrar y remover con libertad, de acuerdo con lo que dispone el artículo 89 de la Constitución. No son electos por el pueblo los Secretarios del Estado, ni los jefes de Departamento, ni los gerentes o directores de las instituciones descentralizadas.

El dictamen concluye diciendo que por el momento es preferible establecer por etapas la integración del nuevo sistema creado con el advenimiento de los diputados de partido, y que la experiencia señalara en el futuro la convivencia de ampliar o no la reelección de los diputados. ¿Cuál será esa experiencia¿ Difícil es anticipar juicios respecto de la experiencia pero es indudable que demostrará que no es posible la formación de los cuadros parlamentarios en seis años, mientras se mantenga el sistema de labores nominales sólo de cuatro meses por año.

He comentado el dictamen para que no se crea que es el único fundamento de la reelección. Lo que acabo de expresar es un alegato sobre una cuestión de procedimiento. Lo fundamental es preguntar: ¿de qué se trata? ¿Cuándo ha sido prohibida la reelección de los diputados en México? ¿En qué Constitución? ¿En la de 1814? ¿en la de 1824? ¿En la de 1857? ¿En la de 1917? En ninguna de ellas. Jamás ha sido prohibida la reelección de los diputados dentro de nuestro orden jurídico supremo. En cambio, la reelección del Presidente de la República sí fue una demanda popular clamorosa, desde antes de que la Revolución estallara en 1910, y uno de sus principales motivos a causa de la casi perpetuidad del general Profirió Díaz en el poder. Antes, todavía, desde la Revolución de Ayutla, la demanda política principal fue también la de la no reelección del Presidente y de los Gobernadores de los Estados.

No es menester fundar ni explicar, profusamente las razones de esta demanda popular tan largamente sostenida; pero por lo que toca al problema que discutimos no se encontrará ninguna prohibición para la reelección de los representantes populares. La Constitución vigente no prohibe la reelección de los diputados. Por eso es extraño que todos los argumentos que se han publicado en los últimos días versen alrededor de la idea de que se va a establecer un nuevo sistema político. Eso es falso. No se va a tocar al régimen político en su esencia. Si la Constitución permite la reelección de un Diputado, pasado un período permite la reelección. Y si ahora se propone que haya la posibilidad de la reelección inmediata, para el siguiente período seguida de un receso, no se está cambiando la sustancia de las cosas. Tanto la Constitución cuanto la proposición de la Comisión Dictaminadora mantienen la reelección y lo único que hay que decidir es si conviene que haya reelección pasado un período o si puede haber una reelección

inmediata, pero una segunda reelección, por lo cual es necesario esperar tres años.

Quienes están en contra de la proposición de la Comisión están, lógicamente, en favor de que se mantenga el actual sistema establecido en la Constitución de la República. Pero no creo que nadie haya pensado en abrirle las puertas a la reelección del Presidente de la República, en esta etapa de la evolución histórica de nuestro país.

Los intentos de reelección del Presidente, que hubo en el pasado, obedecieron a causas muy concretas, en circunstancias históricas muy especiales, sobre todo el primero de ellos que tuvo un sello dramático, que no deseo recordar porque sería desviar el curso del debate. Pero hoy, después del desarrollo democrático de las últimas décadas, la reelección del Presidente de la República carece de sentido. No hay necesidad de ello, y supongo que nadie se prestaría tampoco a intentar la aventura.

¿Cuántos años van a pasar aún para que nuestro pueblo mantenga firme su criterio de prohibir la reelección del Presidente de la República? Lo ignoro y no creo que nadie lo sepa. Dependerá de muchas circunstancias; pero por ahora la no reelección del Presidente de la República y de los Gobernadores es un principio que nadie se atreve a tocar. Esta cuestión, en consecuencia, queda al margen del debate. ¿Por qué, entonces, han surgido la duda, las interrogaciones y una serie de argumentos que se confunden con la ignorancia o los prejuicios? Por no haberse enterado de la proposición que hoy discutimos.

Respecto de la conveniencia de la reelección indefinida o limitada, el dictamen de las Comisiones en realidad no objeta la reelección indefinida. No presenta argumentos contra ella. Lo único que afirma es que por el momento basta con una reelección inmediata, y que el futuro dirá si conviene modificar lo que hoy se propone, suponiendo que se acepte. Esta conclusión no es, teóricamente, desde el punto de vista jurídico, una conclusión sólida, ni es tampoco firme desde el ángulo político. No invalida la proposición que los diputados del Partido Popular Socialista presentamos.

Para nosotros, o la reelección es indefinida o no es reelección verdadera. Si se hiciera una encuesta valdría la pena intentarla entre los publicistas, los tratadistas de derecho constitucional, y con las personas mejor enteradas su resultado sería el de que la reelección indefinida es la única reelección aconsejable. ¿Por qué? Nuestro sistema electoral tiene dos etapas: primera, la de la postulación de los candidatos a diputados por los partidos políticos; la segunda etapa, el voto de los ciudadanos. Hay, pues, un proceso de selección.

Analizando más a fondo el problema, es fácil colegir que no todos los candidatos de un partido político, cualquiera que sea, pueden merecer, después de su gestión en la Cámara, el aplauso o el apoyo para presentarse otra vez como aspirantes a representante del pueblo. Cada partido hará su propio proceso interno de selección.

Entonces, habrá sólo una minoría en cada Legislatura que continuará su labor parlamentaria. ¿Es malo o es bueno eso? Nadie podría pronunciarse en contra, excepto que tenga intereses inconfesables.

Hay quienes afirman que en nuestro país no se pueden emplear los argumentos que se usan en otras partes del mundo en donde existe régimen parlamentario, porque nuestro sistema es presidencial. Yo contesto a esas personas que las palabras no son mágicas, y que si hablamos de Parlamento en México, no es en el sentido de la estructura constitucional del Poder Público, sino de un término universal, genérico. ¿De qué se trata? De que tengamos una vida parlamentaria. Sí, parlamentaria; una vida en la que el pueblo opine a través de sus representantes. Eso es un Parlamento. Independientemente de que si exista un régimen presidencial todas las naciones tienen Parlamentos, asambleas, en los que el pueblo habla, diserta, critica, aprueba y rechaza o modifica las leyes y expresa su pensamiento. El Parlamento funciona también en los países que no tienen la estructura política de los países occidentales: los países socialistas.

También hay opinión de que la Constitución no se debe tocar. Algunos de los Constituyentes de 1916 y 1917 se oponen a toda modificación. Pero es Fetichismo. En primer lugar, ningún grupo de hombres puede considerarse como propietario de las instituciones que contribuyó a formar. En segundo término, es incuestionable que si lleváramos ese argumento hasta sus consecuencias últimas, el derecho se convertiría en una serie de instituciones pétreas, mientras la vida corre y se supera así misma. Pero el mito, el tótem y el tabú ya no corresponden a nuestro tiempo. En esta época de ritmo veloz, de dinamismo extraordinario, tratar de que el derecho permanezca fijo e inmutable es no darse cuenta siquiera de qué cosa es la vida de nuestro mundo. O el derecho no sólo va acorde con la vida, sino que se anticipa a ella para conducirla, o se convierte en un conjunto de principios ineficaces, porque han perdido su poder de exaltación. Nosotros creemos que la reelección de los diputados no sólo es el complemento de la integración de la Cámara de Diputados de nuestro país, con la presencia de representantes de los diferentes partidos políticos. Estimamos que, además, la reelección de los diputados va a permitir la herencia, Legislatura por Legislatura, no del arte de discutir ni de formular proyectos de ley, sino de la continuidad de la marcha revolucionaria.

Si recordamos cuáles fueron las metas de la Revolución en los primeros años, a partir de 1910, y observamos el panorama de hoy, el ideológico y el real y el objetivo, tenemos que llegar a la conclusión de que entre aquel movimiento popular que comenzó hace más de medio siglo y el de hoy, hay una distancia enorme. Y es cierto. Hace años, quizá, el consejero más importante de la Revolución en su oca de lucha armada, indignado ante una serie de medidas nuevas que se tomaron por el gobierno con el apoyo de la clase obrera y de los campesinos, declaró que esa Revolución que nosotros estábamos impulsando, no era en la que ellos habían pensado. Y yo le dije que tenía razón.

Es verdad, afirmamos. La Revolución que ustedes imaginaron es totalmente distinta a la Revolución en la que pensamos nosotros. Y así incuestionable que mañana los que nos sucedan en la vida política de México, van a impulsar la Revolución de una manera diferente a como la concebimos hoy,

De otro modo la Revolución se muere, se acaba, porque una revolución es un movimiento vivo, es el pueblo en acción, es el pensamiento creador, y si no se supera a sí mismo, si no señala nuevas metas en cada período de la evolución histórica, se extingue como la luz que se apaga, y entra en crisis insalvable. Nosotros no podemos manejar ni mitos ni fetiches ni tabús. tenemos que actuar no sólo con realidades, sino también con las renovadas aspiraciones del pueblo.

Hemos convenido todos, en el lenguaje de cada quien, en afirmar que si desde el punto de vista económico nuestro país ha alcanzado hace algunos años y ahora más, un estimable desarrollo; que si en el terreno social también ha logrado niveles desconocidos en el pasado, en cambio respecto de la vida política se halla en atraso. Esta es el mérito de la reforma a la Constitución creando la diputación de partido, y será el mérito histórico de la segunda reforma a la Carta Magna estableciendo la posibilidad de la reelección.

Ya aparecerá entro de poco tiempo el verdadero fondo, el móvil real de la oposición a la reelección de los diputados. Es curioso que algunos elementos políticos que han pasado varias veces por el Senado y por la Cámara de Diputados, que han sido dos y tres veces senadores y diputados, con una longevidad política asombrosa, aun cuando nunca surgió de ellos nada en el parlamento, ahora sean los enemigos de la reelección. (Aplausos de las tribunas). ¿Por qué? ¿Han envejecido mentalmente? Quizá. ¿están resentidos porque no tienen acceso a las Cámaras del Congreso, sobre todo a la Cámara de Diputados? Tal vez. Aquí mismo en esta Asamblea, el general Marciano González que forma parte de ella, fue mi colega hace cuarenta años, (aplausos de las tribunas). Y si la memoria no me falla, fue reelecto como diputado. Yo también fui reelecto. No sé si me equivoco que hay otro veterano aquí; el diputado Covarrubias, que también alcanzó la reelección. Y hay aquí, asimismo, diputados que fueron senadores una o dos veces, y que han sido varias veces diputados. ¿Malo? No. Fueron representantes por períodos interrumpidos; pero ¿por qué no hacerlo con franqueza? ¿Hay una ambición en nosotros? Sería estúpido y ruin suponerlo. No estamos manejando intereses privados ninguno de los diputados de ningún partido político. Estamos manejando intereses colectivos y, más todavía, el problema de la ampliación sistemática y no interrumpida del sistema democrático de México. Eso es lo que estamos considerando. Eso es lo que queremos mejorar: el régimen democrático de nuestro país.

El día en que tengamos un sistema electoral que no se preste a malas interpretaciones, a errores o a vicios. El día en que nuestro pueblo sepa votar, porque la mayoría del pueblo mexicano no sabe votar todavía. Cuando, en suma, se eleven nuestros métodos e instituciones políticas y la conciencia cívica de las mayorías, el Poder Legislativo tendrá más poder que nunca en el sentido de fijar la orientación, la dirección de la nación mexicana. Y como sucede siempre, surgido de una base económica cada vez más robusta, su fruto, la acción parlamentaria influirá sobre la base de la cual partió, haciendo que alcance metas de mayor trascendencia.

Nadie está tratando de engañar al pueblo, nadie propone algo ilícito. Nadie está pensando en que se va a reelegir, excepto yo que sí pienso reelegirme. (Aplausos.) Por eso no debemos detenernos por las murmuraciones o falsos argumentos de la calle, recogidos a través de la prensa o de otras maneras. Los que pueden tener la autoridad para decidir en México esta cuestión tan importante en el actual momento histórico, son los partidos políticos. ¿Por qué? Porque en ellos están incorporados los hombres y las mujeres con un programa, con una línea estratégica y táctica, con objetivos concretos y claros. Los miembros de los partidos políticos son no sólo el estado mayor del pueblo, son el factor consciente de la vida política nacional, unos con mayor fuerza que otros; pero son los partidos los que tienen que decidir a través de sus representantes auténticos.

Es incuestionable que ya no va a alcanzar el tiempo para que el Senado de la República discuta esta iniciativa. Dentro de breves horas habrá clausurado sus sesiones el Congreso de la Unión. En cierta medida mejor. Vamos a aprovechar el receso para hacerle una exposición al pueblo, diaria, justa, precisa, y a recoger su veredicto.

Hace unos días hablábamos de cómo emplear el receso, y todos estuvimos de acuerdo en que hay que emplearlo para ir al pueblo. Muy bien, ¿Por qué no iniciamos la primera encuesta? ¿Quiere el pueblo mexicano cambiar representantes cada tres años, antes de que se formen los cuadros del parlamento? ¿No sería deseable que tuviesen representantes cada vez más eficaces, más competentes, más ilustrados? No es una crítica mordaz, por supuesto, ni es tampoco mi intención la de molestar a nadie; pero yo conozco a algunos miembros de la Cámara que son excelentes líderes de masas, hombres que han estado años largos dentro de la clase obrera, dentro de la clase campesina o al lado de la juventud, o en la cátedra, o peleando en los tribunales los derechos de las personas, pero no son aún verdaderos parlamentarios.

No hay ningún inactivo en esta Cámara, todos tenemos una historia, pequeña o grande; pero esa experiencia nos e puede trasladar de un modo mecánico hasta esta tribuna. Es necesario aprender, aprender no el arte de hablar, sino el de aprender la función política, histórica de un parlamento.

Cuando un parlamento no influye en la marcha de la sociedad, cuando no prevé el futuro y no traza caminos para el porvenir, es un parlamento pequeño, infructuoso, que en lugar de ayudar al gobernante lo estorba.

Las futuras Legislaturas tendrán que ser más valiosas que la nuestra, pero la nuestra debe establecer las bases para que las venideras sean realmente superiores a la que hoy integramos.

Estamos de acuerdo en la reelección indefinida. Hay quienes piensan que si aceptamos hoy la reelección limitada, ahí se queda, como el salario mínimo que resulta el máximo para muchas gentes. No lo creo. Dependerá de nosotros. Vamos a seguir insistiendo en un sistema electoral distinto al del pasado, hasta que lleguemos a la perfección, hasta donde la perfección es posible. Vamos a insistir también en un régimen electoral que permita la representación proporcional de acuerdo con los votos que los partidos logren y llegaremos a él tarde o temprano. Demos este primer paso con confianza, con sentido de mexicanos que desean ampliar la vida democrática de su patria. Esa es la trascendencia histórica, esta es la importancia de la medida que podemos tomar hoy. No conformarnos con lo que se propone, sino decir: lo aceptamos, y continuar la batalla hasta hacer de la vida política de México el medio propicio para que nuestro pueblo se libere de sus miserias y nuestra patria comparta la vida del mundo como igual entre iguales.

Tu puede ser parte del cambio. Pídele a tu diputado que apoye la reelección Participa…

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User Comments

  1. LUKE

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